El CEFIAL‑UE participó en la inauguración de la muestra EVOLUTIO, concebida y organizada por Webuild Group, en el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología Leonardo da Vinci. Un espacio donde la historia se toca con la mano y donde la pregunta central de la exposición resuena con fuerza: ¿Cómo sería Italia sin grandes proyectos de infraestructura?

Según los paneles curatoriales, “sería como volver a principios del siglo XX, cuando la gente vivía sin agua, electricidad ni carreteras. No en todas partes, por supuesto, pero así era al principio, especialmente entre las clases sociales y regiones más vulnerables, donde las condiciones de vida eran la prueba de fuego para medir el desarrollo real de un país”. El progreso no se evaluaba solo por indicadores económicos o capacidad productiva, sino por la posibilidad real de acceder a servicios básicos que transforman la vida cotidiana.

EVOLUTIO ilustra cómo el desarrollo de Italia en el último siglo avanzó en paralelo a la construcción de infraestructura: acueductos, sistemas de agua, redes eléctricas, metro, ferrocarriles, carreteras y puentes. Tener o no tener agua, energía o movilidad marca la diferencia entre la exclusión y la posibilidad de un futuro. La relación entre infraestructura y desarrollo es sólida: los países más avanzados son aquellos que invierten de manera constante y estratégica en ella.

En una Italia donde la natalidad era alta y la pobreza aún dilagaba, la vida cotidiana seguía marcada por gestos esenciales: un recién nacido en brazos, un hogar humilde, la continuidad silenciosa de las generaciones.

Milán, en particular, se presenta como uno de los motores de innovación del país: un laboratorio donde convergen negocios, finanzas, investigación y creatividad. Su transformación infraestructural —centrada en la movilidad sostenible y la regeneración urbana— muestra cómo la historia y el futuro pueden entrelazarse.

La muestra recuerda que el modelo de desarrollo italiano, especialmente desde la posguerra, se ha caracterizado por la integración del sistema empresarial en la economía europea y global. La capacidad de construir infraestructura en todos los continentes ha otorgado a Italia un peso geoeconómico y geopolítico significativo. La infraestructura no es solo técnica: es también una herramienta de nación, de paz y de prosperidad.

El Museo Leonardo da Vinci, sede de la exposición, refuerza esta continuidad cultural. Es un lugar donde historia, ingenio e innovación dialogan con el futuro. Leonardo, en su Códice Atlántico, aparece como un ingeniero capaz de resolver problemas complejos en campos que van desde la hidráulica hasta la mecánica, desde la arquitectura hasta el diseño de puentes. Su figura encarna la unión entre creatividad y técnica que ha marcado la evolución de Italia.

El póster de la muestra sintetiza la identidad de WEBUILD, promotora de la exposición: más de 120 años de obras que han modelado el territorio italiano y su infraestructura. La memoria del trabajo industrial se convierte aquí en narrativa cultural, puente entre pasado y futuro.
Reflexión sobre América Latina: caminos, no frutos

La muestra invita también a una reflexión que trasciende a Italia. En América Latina, y particularmente en el Perú, solemos admirar los frutos del desarrollo ajeno —las ciudades modernas, los servicios eficientes, la movilidad integrada— sin detenernos en los caminos que permitieron alcanzarlos. EVOLUTIO recuerda que el progreso no surge de la nada: es el resultado de décadas de inversión sostenida en infraestructura, planificación territorial, educación técnica y continuidad institucional.

Las imágenes históricas de la pobreza italiana evocan escenas que podrían pertenecer al interior de cualquier país latinoamericano. Esa similitud no es casual: la infraestructura —o su ausencia— determina quién accede a oportunidades y quién queda relegado. El desarrollo no se copia; inspira y se construye. Y se construye con decisiones de largo plazo que conectan territorios, integran economías y permiten que cada ciudadano encuentre un lugar en su propio proyecto de vida.

Las maletas de cartón, símbolo de la gran migración italiana hacia América, evocan un tiempo en que millones partían con lo mínimo. Hoy esos mismos objetos dialogan con un movimiento inverso: son los latinoamericanos y los americanos quienes llegan a Italia y a Europa, en un ciclo histórico que continúa transformando identidades y territorios.
Italia en 1900: datos que hablan

Los paneles de la muestra recuerdan que:

  • Italia era un país predominantemente agrícola: el 50% del PIB provenía del campo; hoy es apenas el 2%.
  • La mortalidad infantil era altísima.
  • La esperanza de vida era de 42,8 años; hoy supera los 83.
  • Más del 50% de la población era analfabeta; hoy es el 0,5%.
  • La electricidad recién llegaba a las ciudades.
  • La generación de energía pasó de 160 GWh en 1889 a más de 280.000 GWh en 2015.

¿Cómo se convirtió Italia en uno de los países más industrializados del mundo? La muestra responde con claridad:
“La capacidad manufacturera y el sistema nacional de transporte crecen rápidamente, y nadie prospera sin el otro.” —Friedrich List, 1841.
Infraestructura es progreso. Infraestructura es cohesión. Infraestructura es dignidad.

Los organizadores WEBUILD ofrecieron un almuerzo en la sala de fiestas del Transatlántico Conte Biancamano cuya parte inferior se puede apreciar en la penúltima foto.

La precariedad habitativa que marcó amplias zonas de Italia hasta bien entrado el siglo XX recuerda realidades que hoy persisten en muchos pueblos del interior latinoamericano. La transformación italiana llegó cuando el país decidió conectarse: carreteras, puentes, ferrovías e infraestructura como política de cohesión territorial.
Los juegos infantiles de antaño —caballitos de madera, aros, juguetes hechos a mano— pertenecen a un tiempo en que la imaginación era el motor del juego. Hoy han sido sustituidos por dispositivos digitales y nuevas formas de entretenimiento, reflejo de una sociedad que cambió su ritmo, sus materiales y su manera de crecer.
Escenas como estas —niños jugando en la calle, inventando mundos en medio de la precariedad— formaron parte de la vida cotidiana en la Italia del siglo pasado. Y aún hoy se verifican en muchos pueblos del interior latinoamericano, donde la infancia sigue creando juego incluso en contextos de carencia. La historia social se repite en gestos pequeños, casi idénticos, a miles de kilómetros y décadas de distancia.
La proa del transatlántico Conte Biancamano, conservada en el nivel inferior del museo, recuerda la época en que los grandes barcos unían continentes y transportaban sueños, migraciones y modernidad. Un fragmento monumental de la historia marítima italiana convertido hoy en patrimonio cultural.
En el salón de baile del transatlántico Conte Biancamano, los organizadores ofrecieron un almuerzo a los representantes de los medios. La hospitalidad estuvo a cargo de Da Vittorio, que llevó su sello culinario a un espacio cargado de historia marítima


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